La Navidad no siempre se ha celebrado en diciembre
Diciembre 23, 2007Aquí otro tema de discusión para la cena familiar.
El padre Gonzalo Rendón, de la Iglesia Episcopal de la comunidad anglicana del país, comenta algunas de las teorías que hay al respecto.
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Millones de personas en el mundo, nos preparamos para la celebración de la Navidad. Para todos, diciembre es sinónimo de alegría, fiesta, luces, pólvora, regalos… tenemos ya esto metido en nuestro inconciente colectivo. Pero, ¿celebró siempre la Navidad en diciembre el mundo cristiano? Hay datos históricos que nos hacen pensar que la celebración del nacimiento de Jesús (Nativitas = Navidad), era celebrado por las primeras generaciones de cristianos en otra época del año, probablemente entre abril y mayo.
Muchos investigadores están de acuerdo en que según los datos que nos presentan los evangelistas Mateo y Lucas (Marcos y Juan no hacen ninguna referencia al nacimiento), es muy difícil que Jesús haya nacido en un día de diciembre, época particularmente fría y lluviosa en Belén. Con todo, ya para la última década del s. IV de nuestra era, estaba fijado el 25 de diciembre como la fecha “oficial” de la Navidad, la cual ha permanecido inmutable para católicos y protestantes; no así para las Iglesias Ortodoxa y Copta quienes al no aceptar el calendario Gregoriano, fijado también en el s. IV, continuaron rigiéndose por el Calendario Juliano, de la época romana, y por lo cual celebran la Navidad el 7 de enero.
Muy pronto se fijó también entre los cristianos occidentales el tiempo preparatorio para la conmemoración de la Navidad el cual se denominó Adviento. En Galia, hoy Francia, este tiempo tuvo características penitenciales, semejantes a la Cuaresma, pues el acento de la fiesta no estaba tanto en la alegría y el regocijo por la Encarnación del Mesías, sino en su venida en calidad de Juez para establecer un terrible juicio universal (parusía). En cambio en Roma, bajo el pontificado de Gregorio Magno, prevaleció el sentido de fiesta y alegría motivadas por el recuerdo del nacimiento del Salvador.
Ahora, la fijación del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús de Nazaret, no queda todavía claro. Para algunos, el argumento es más de tipo político: en todo el imperio romano se celebraba ese mismo día la fiesta del Dios Sol (Hagía Fota) cuya personificación había sido asumida por el emperador, quien no tuvo inconveniente en exigir de parte de todos sus súbditos un trato de divinidad, y a lo cual los cristianos siempre se opusieron. Para otros, el argumento es más de tipo religioso y tiene que ver con las enseñanzas de Arrio, un famoso obispo del s. IV que negaba la divinidad de Cristo; es decir, para Arrio, Cristo no era Dios.
A raíz de estas enseñanzas, se convocó un Concilio que se reunió en Nicea; allí se condenó a Arrio y, por su puesto, al arrianismo, y fue allí donde se formuló, tal como lo tenemos hoy, el Credo Niceno, donde se reconoce que Cristo es Dios: “…nacido antes de todos los siglos, Dios de Dios, Luz de Luz, engendrado, no creado…”. El papa Julio I, dio inicio a la tradición sobre el nacimiento del Niño-Dios fijando además el 25 de diciembre como el día de su nacimiento.
Sin embargo, más allá de lo que tiene que ver con la fecha y con el lugar preciso del nacimiento de Jesús -porque también se discute sobre si Belén sería el sitio histórico o teológico de su nacimiento-, más allá de eso, repito, me parece que lo verdaderamente importante es que de la Navidad rescatemos:
El ambiente familiar y de amistad que por estos días se hace más sensible que en cualquier otra época del año.
Trascender el simple consumismo y hacer más énfasis en el encuentro consigo mismo y con los demás;
Dejarnos tocar por esos mensajes de buenos augurios que nos cruzamos por este tiempo y convertirlos de verdad en líneas de acción que le den razón y sentido a nuestra vida;
Como creyentes, volver la mirada al pesebre, con esa mirada inocente y sencilla de los niños, dejarnos arrebatar por el misterio del “Dios humanado”, Dios que se ha hecho humano para hacer cada día más digna nuestra naturaleza humana.
Sentir que no estamos solos: muchos hogares y familias no podrán vivir esta Navidad en unión, alegría y paz por muchísimos motivos; no nos olvidemos de ellos; también como nosotros, ellos tienen sueños, esperanzas, ilusiones, deseos de sentir que vale la pena vivir y gastar la vida en algo digno; hagamos nuestros esos sueños e ilusiones y pongámonos como meta, ofrecer toda nuestra disposición para comenzar a dar los primeros pasos hacia esa realidad nueva que todos anhelamos.
Felices fiestas mercantilistas a todos!!!
Vía @ www.eltiempo.com



